Una perspectiva (más) de "Las Meninas"
Un póster de "Las Meninas" está colgado en la pared de mi cuarto en Filadelfia. Lo puse allí no solamente como un recuerdo de España ni porque es mi pintura favorita. Está allí porque admiro como esta obra nos hace pensar y darnos cuenta de que es necesario contemplar una historia desde más de una perspectiva, y que las perspectivas personales cambian con el paso del tiempo.
Es muy fácil perderse en el laberinto de perspectivas que se encuentra en el cuadro. Por ejemplo, cuando tenía dieciséis años y estudié "Las Meninas" por primera vez durante una visita guiada del Prado, la perspectiva del artista me fascinó sobre todo. Para mí la pregunta más importante fue: ¿Quién es (o quiénes son) el foco verdadero de la obra? Los reyes que aparecen en el espejo al fondo están sentados como si Velázquez fuera a pintar un retrato de la pareja. Sin embargo, los ojos del autorretrato del artista se fijan en nosotros como sus observadores mientras la infanta y sus meninas son los personajes centrales del cuadro concreto que vemos en el museo.
Cuando tenía veinte años, descubrí gracias a una asignatura de la historia del arte español que desde una perspectiva compositiva la figura principal del cuadro es la Infanta Margarita: la luz cae directamente en ella, su figura está en el centro de la escena y las figuras de sus meninas se inclinan para servirle. Hasta ahora esta imagen de la infanta nunca me interesaba. Ella me parecía como una muñeca mimada con sus cabellos de oro y vestido de seda. La pequeña diva que tenía a todos los criados reales a su disposición sólo representaba otro símbolo de la decadencia de una monarquía corrupta.
A pesar de mi primera impresión de la Infanta retratada, tengo una perspectiva completamente distinta hoy. En vez de pensar en su figura como un símbolo que merece la crítica, pienso en ella como un individuo verdadero y en su historia entera que el cuadro no nos cuenta. La Infanta Margarita que aparece en Las Meninas tiene cinco años. La mayoría de las niñas a esta edad querrían acariciar al perro del cuadro, jugar con sus amigos en vez de estar en un taller o soñar con las imágenes de castillos con sus príncipes azules. No obstante, Margarita ya está acostumbrada a mantener su postura para los retratos reales. No tiene que soñar con los castillos ni con los príncipes porque estas imágenes representan la realidad de su presente y futuro. Ya es la prometida de su tío Leopoldo I, Sacro Emperador Romano. Se casará con él y dejará su país nativo a los catorce años. ¿Entiende la Infanta que nos mira desde el cuadro que su destino es predeterminado? La inocencia de su rostro dice que no aunque sus ojos revelan una sabiduría madura. Su historia se acabará a los veintidós años…es la misma edad en que la mayoría de nosotros empezamos a escribir las nuestras con el lujo de no saber cómo hacerlo.

Mercedes dijo
No sabes cómo me identifico con tus sentimientos hacia el cuadro. Cuando era pequeña lo odiaba, era uno de los cuadros de Velázquez que había que estudiar y admirar 'por que sí'. Yo no entiendía nada. Hasta que un día lo descubrí yo solita. Y me perdí en sus luces y sombras, entre sus planos, en la historia que está y no está en la imagen... Ahora es una de las pinturas que más admiro y más me fascina.
1 Febrero 2007 | 10:58 AM