La gripe madrileña
Día 1: Te niegas a ver lo evidente…tienes la gripe. Es el viernes por la noche, el momento más inoportuno de toda la semana madrileña de estar enfermo. Todo el mundo está de juerga y ya tienes planes con tus amigos. Es obligatorio salir. Por está razón, no haces caso al hilito de líquido persistente que gotea desde tu nariz hasta tu garganta. Repites la mantra: “Son alergias, son alergias”, a lo largo de la noche. Sigues bailando aunque tus piernas son indiferentes a los ritmos de Shakira por la primera vez en tu vida. Vuelves a casa y notas que los ojos de tu reflejo del espejo del baño han perdido su chispa típica. “Tiene que ser el cansancio”, susurras a la almohada hasta que te duermas.
Días 2-3: No fue el cansancio. Sabes desde el primer momento en que abres los párpados pesados que hay que aceptar lo inevitable: tienes la gripe. Te preguntas: “¿Cómo es posible?” de una manera incrédula antes de considerar una serie de escenas retrospectivas que tal vez revelará la fuente de tu perdición: El hombre que tosió en su mano justo antes de abrir las puertas del metro…la camarera que estornudó fuertemente después de servirte tu café con leche…el primo (todavía desconocido) de tu amiga Marta que se presentó con los típicos dos besos a pesar de su cara pálida. Te juras que abandonarás la transportación pública, tu adicción a la cafeína y tu cortesía cultural lo más pronto posible cuando estés mejor. Pasas el fin de semana entero aturdida en la cama y duermes mucho mientras la risa de la marcha madrileña sigue en la calle debajo de tu ventana. Varias gotas de sudor salpican tu frente mientras una nieve de pañuelos acumula alrededor de tu cuerpo. Tu cabeza siente como si fuera un globo enorme al punto de reventar. Además, hay algún animal sentado encima de tus pulmones que impide la respiración. Concluyes en tu estado febril que tiene que ser el mismo gato que ha arañado tu garganta dolorida.
Día 4: Después de un día de clases interminables e incomprensibles vas a la farmacia. Explicas al farmacéutico tus síntomas. Él asiente su cabeza y orgullosamente te ofrece un jarabe que representa la contestación a tus oraciones. Ya entiendes muy bien que es tan útil creer en un remedio médico para la gripe común como creer en la fuente de la juventud. Sin embargo, hoy no es un día de pensamiento racional y tomas un trago del jarabe mágico antes de dormirte. Tu elixir milagroso inspira un sueño alucinógeno en que encuentras la verdadera fuente de juventud.
Día 8: La luz del sol besa tu cara desde la ventana de tu cuarto. Levantas la cabeza fácilmente por la primera vez en una semana. Abres la ventana y ves un día transparente. Respiras profundamente y decides que ha sido el mejor respiro de la historia del mundo. Te maravillas de tu cuerpo resucitado. No puedes esperar ni un minuto más hasta que recuperes la vida y es un día oportuno para empezar…otro fin de semana madrileño está a punto de comenzar.


Mercedes dijo
Por más que interiormente sepamos la verdad, en cuántas ocasiones nos negamos a aceptarla... Nos negamos a admitir que algo nos pueda alterar los planes... como una simple gripe. "Simple" porque no es grave, pero es capaz de frenarnos totalmente. Pero mira: una (también) simple pócima puede sacarnos de ese estado de inactividad. Me alegro de que te hayas repuesto tan 'milagrosamente'.
8 Febrero 2007 | 06:51 PM