Metro de Madrid
Estás en el metro entre las estaciones de Gran Vía y Sol. Sueles pasar este viaje de menos de dos minutos distraída: echas un vistazo a tu reloj, escuchas tu iPod o simplemente estás preocupada por la necesidad de respirar entre un mogollón de gente. Sin embargo, hoy te quedas sentada y contemplas el ambiente por primera vez. Notas que una pareja estadounidense está en el rincón izquierdo- los abrigos brillantes de la marca North Face y su guía turística Let’s Go Spain han revelado su identidad-. No sabes por qué, pero de repente sientes un impulso de explicarles que un mero viaje en el metro define la vida madrileña mejor que cualquier libro podría describirla.
Se abren las puertas y un guitarrista va al centro del vagón y deja caer al suelo su gorra descolorida. Te preparas para un viaje interminable pero descubres después de su primer acorde que no hace falta preocuparte. Una voz resonante acompaña un ritmo feliz. Ya puedes oír el tintineo de moneda a sus pies. Una madre joven acuna a su nene con la melodía. A la derecha un grupo de chicas adolescentes en minifaldas están ocupadas con su propia canción de cotilleo. Un hombre de negocios en su traje de rayas espera en la puerta mientras una pareja apasionada se besan a su lado. Por último, notas un bastón blanco de un ciego valiente en el rincón derecho. Él te saluda con la cabeza sin verte a través de sus gafas oscuras y sonríe. En este momento entiendes que él ve con más claridad que la mayor parte de la gente con el regalo de la vista.
“Próxima estación Sol, correspondencia con líneas dos y tres”…la voz mecánica de la maga del metro retumba desde una fuente desconocida para anunciar el fin del viaje. Por menos de dos minutos has compartido el mismo destino en la vida con tus compañeros de viaje. Es muy probable que no los veas nunca jamás. Los rayos de Sol representan posibilidades infinitas: Ópera, Callao, Lavapiés, Tirso de Molina…hasta el horizonte madrileño.

Mercedes dijo
La vida esta tan atropellada que llevamos -concretamente en Madrid- hace que no veamos apenas nada de lo que hay alrededor. Es curioso observar que, en ocasiones, alguien pasa por delante de una tienda o un portal curioso y se lo queda mirando como diciendo: "Pero... ¿esto ha estado siempre aquí? Debe ser que que sí, porque parece antiguo..." Si eso sucede, cómo no va a suceder que pasemos totalmente de las conversaciones ajenas...
Y tienes razón, yo a veces -como forma de conocer otro poco más el mundo- escucho las conversaciones de personas que van en el metro, personas a las que muy probablemente jamás vuelva a ver, y -aunque parezca mentira- aprendo cada vez algo nuevo: sobre ellos o sobre mí.
22 Febrero 2007 | 11:20 AM