Una educación superior
Ahora que estamos en una semana llena de exámenes, dos preguntas importantes me han surgido: ¿qué representa el aprendizaje verdadero? y ¿evaluamos el aprendizaje de una manera adecuada? Me imagino que ya estáis pensando que este texto será una queja irracional escrita por alguien que rehúye las responsabilidades académicas, pero espero que me conozcáis mejor como la trabajadora que soy. Sólo querría decir que he observado la importancia suprema que el sistema educativo y nuestra sociedad en general dan a las notas finales en vez de preocuparse por el aprendizaje personal del individuo como un ser humano.
Mi profesor de teatro aquí empezó nuestros estudios de Lorca con las palabras: “La literatura no está en la pizarra”. Estoy totalmente de acuerdo con su decisión de entrar directamente en nuestra primera obra lorquiana, Bodas de sangre, para ver cómo reaccionaríamos como lectores a la acción dramática en vez de esperar algunos apuntes en la pizarra que nos dirían cómo debemos pensar en ella. Sin embargo, el problema fundamental en cuanto a la mayor parte de los exámenes escritos es que son basados en las cositas que han aparecido en la pizarra- y luego en los cuadernos de los estudiantes- a lo largo de la asignatura. ¿Miden los exámenes de literatura un aprendizaje verdadero, dado que muchas veces vivimos las mejores obras de literatura como seres humanos en vez de sólo leerlas? Por ejemplo, ¿es un examen de una hora y media que trata de uno de la miríada de temas del Quijote capaz de reflejar el viaje personal que se hace con el caballero valiente y su escudero fiel? En cuanto a los exámenes de traducción, ¿es más útil probar que sabes cómo traducir la constitución española palabra por palabra, o probar que has preguntado a una persona que vivía durante la época franquista qué significa este documento? ¿Es más práctico pasar horas tras horas con los libros de gramática durante un fin de semana o pasar este tiempo practicando la lengua viva en las calles?
Esta cuestión de aprendizaje verdadero me parece más importante ahora que estamos en Madrid que en temporadas anteriores. Obviamente, elegimos el programa de Middlebury en Madrid en vez de otros programas de estudios basados en los EE.UU. porque tuvimos la meta de vivir nuestros estudios lingüísticos, literarios y culturales. No obstante, hay gran diferencia entre sobrevivir los estudios y vivirlos- una diferencia fácilmente perdida en una semana llena de estrés dentro de nuestra burbuja de Prim-. Por esta razón, me gustaría ver una pregunta como la siguiente en un examen académico alguna vez: “¿Cómo describiríais la Puerta del Sol al atardecer?”. Al leerla, os parece ridícula, ¿no? A primera vista, pensé que sí, pero ahora que la contemplo tengo otra perspectiva. Mientras puedo (y tengo que) sobrevivir en Madrid sin tener las respuestas a todas las preguntas de mis exámenes, no querría vivir aquí sin la capacidad de contestar a mi pregunta “ridícula”.

Jamie dijo
¡Ay Dios mío como estoy de acuerdo contigo! Y la verdad es que no podría contestar esa pregunta "ridícula" que has propuesto porque nunca he estado en Sol al atardecer. La verdad es que sólo llevo un par de veces estando allí; es que tengo miedo de pasar mucho tiempo por allí porque durante las Navidades fui de compras el día antes de regresar a los EE UU y me robaron la cartera. Por eso, evito ir a Sol. Pero de cualquier manera, sí, estamos aquí para vivir el español, toda la vida española y veo que no lo hago. Desde los lunes hasta los viernes estoy encarcelada dentro de la escuela estudiando y por los findes cuidando a niños y leyendo algo de no sé qué. Pero sí, hay que aprovechar de lo que tenemos en Madrid y observar las cositas de esta vida porque después de irnos a nuestra vida "verdadera", no podemos experimentarla nunca jamás.
27 Febrero 2007 | 12:17 PM