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La Coctelera

aguarino

13 Marzo 2007

Esperad un momento…o más

–Lo siento por llegar tan tarde –dije, llegando al kilómetro cero con un retraso de quince minutos.

–No te preocupes. Acabo de llegar yo –contestó mi amigo madrileño.

–Ah, sí. Se me olvidó de que estaba en España –le repliqué riéndome.

No sé si estáis de acuerdo, pero para mí, una de las mejores diferencias culturales entre mi vida estadounidense y mi vida española es la flexibilidad del horario diario. El diálogo de la escena arriba sólo representa uno de los múltiples casos en que la falta de preocupación por la hora aquí me ha impresionado. Supongo que ha sido un choque para mí por dos razones principales. Primero, soy una persona que prefiere ir y llegar a un sitio temprano –particularmente cuando estoy buscando un lugar desconocido– en vez de correr el riesgo de llegar tarde. La vida es corta. A mí no me gusta perder mucho tiempo esperando a alguien cuando ya hemos acordado en quedar a una hora fija, y no quiero que alguien pierda su tiempo por mi culpa. Segundo, creo que nuestra cultura estadounidense hace más hincapié en seguir un horario establecido previamente. Muchas veces, se considera una falta de respeto a una persona si alguien llega tarde a su reunión, particularmente dentro de un contexto más formal como un ambiente académico o profesional. Por ejemplo, tuve un profesor de política que cerró la puerta del aula a las nueve en punto de la mañana (la hora fija cuando empezó su clase). Quería saber quién había llegado tarde a través del ruido de la puerta y mostrarle a esta persona que estaba interrumpiendo su clase y el proceso de aprendizaje en general. Desde una perspectiva del mundo de negocios donde trabajé dos años, era necesario llegar a una reunión a tiempo y estar preparado, sobre todo cuando estabas trabajando con clientes externos. Si llegabas con retraso, era una señal a tus clientes –y a tu jefe– que tenías otras prioridades más importantes que el trabajo del día.

Para mí, el horario flexible de Madrid tiene sus ventajas y desventajas. Hay días agobiantes cuando es un alivio saber que una tardanza de diez minutillos todavía puede representar una llegada a tiempo a un concierto o a una reunión con amigos españoles. Sin embargo, hay otros días cuando tengo mucho que hacer y los retrasos me vuelven loca. Por ejemplo, me molesta mucho cuando algunos profesores habitualmente llegan más de diez minutos tarde a su propia clase. Obviamente entiendo muy bien que todo el mundo tiene días cuando un retraso es inolvidable y no estoy refiriéndome a esos casos. No obstante, si los estudiantes deben respetar las horas de la clase y las fechas límites para entregar los trabajos, creo que por lo menos un profesor debe llegar a tiempo con regularidad.

No sé si hay un término medio entre mantener horarios fijos u horarios flexibles. Este tema tiene mucho que ver con el ritmo de vida habitual de los países y siempre es muy difícil modificar o moderar las costumbres, ¿no? ¿Qué pensáis vosotros?

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

mercedes

mercedes dijo

Es un tema que me interesa mucho, porque yo, aunque sea española (información compartida) soy muy puntual. Cuando veo que puedo llegar tarde lo paso mal y siempre se debe a algo muy muy imprevisto. A lo largo de mi vida he tenido discusiones infitintas a cuenta de la falta de puntualidad -sobre todo de mis amigas- He montado pollos de mucha consideración, pero daba igual: yo era la instransigente y la radical. Al final opté, en la medida en que era posible, por quedar en casa. Así, mientras los demás llegaban tarde, yo iba haciendo algunas cosillas.
Eso sí, en lo laboral, se suele tener muy en cuenta la puntualidad (sobre todo en las empresas privadas).

16 Marzo 2007 | 06:36 PM

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